El Manantial
El Manantial
Los habitantes de la zona de Verín descubrieron las propiedades de las aguas de Cabreiroá ya a finales del siglo XIX cuando comprobaron que el ganado que pastaba cerca de una charca y que bebía de sus aguas se curaba espontáneamente de sus dolencias.
De este modo, los habitantes del lugar comenzaron a peregrinar a dicha charca en busca de remedio a sus males, principalmente digestivos, algo que extendió la fama del manantial de Cabreiroá e incrementó notablemente la afluencia de visitantes. Es en este momento cuando el párroco, agradecido por la mejoría experimentada tras beber su agua, decidió con buen criterio adecentar los accesos y construir una fuente.
Estas sencillas mejoras provocaron una avalancha continua de visitantes, lo cual llevó a un personaje emprendedor de Verín, D. José Manuel García Barbón decidió constatar científicamente las propiedades del agua que allí surge y recurre a los servicios de los ilustres químicos Mr. Candy, del Charing-Cross Hospital, y Mr. Richard, de la City of Westminster, que les confirman las bondades del agua.
Certificadas sus propiedades, los dueños adquirieron la fuente y los terrenos colindantes emprendiendo obras de higiene y embellecimiento para dar a la captación condiciones inmejorables y facilitar el acceso a los agüistas con la construcción de una burbuja de cristal dotada de grifos. Como colofón, se erigió un templete ortogonal de estilo modernista, El Kiosco, que los protegiese de cualquier inclemencia meteorológica y que su estancia resultase más grata.
La consecuencia fue un grandísimo incremento en el número de personas que hasta allí se acercaban a tomar las aguas. Colas interminables se formaban frente al Kiosco, a la espera de turno para poder acceder a la fuente. Este éxito tuvo como consecuencia la creación en 1906 de una planta de envasado, con lo que se facilitaba llevarse el agua a casa o acercarla directamente allá donde se desease.
Entre las acertadas decisiones tomadas en ese momento estuvo el solicitar de nuevo análisis del agua y su entorno a D. Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Fisiología y Medicina, quien certificó el excelente estado de las aguas del manantial y sus propiedades minero-medicinales.
Es en 1907 cuando se inician las obras del hotel-balneario de Cabreiroá, promovidas por don José Manuel García Barbón. Constatada la afluencia de miles de personas deseosas de mejorar su salud se decide ofrecerles una residencia a la altura de las mejores de Europa. Estamos hablando de una época de esplendor en la que multitud de importantes personalidades pasaron por el balneario y alabaron los beneficios de unas aguas que, a día de hoy, siguen ofreciendo inalterables todas sus propiedades.
Los visitantes tomaban las aguas, disfrutaban del lujo que ofrecía el hotel balneario y de un entorno privilegiado gracias a un gran parque de más de 50.000 metros cuadrados que rodea todas las instalaciones con cerca de 2000 ejemplares de árboles y 72 especies diferentes.
El hotel balneario cerró sus puertas en 1936, coincidiendo con el inicio de la Guerra Civil española, y durante unos años se utilizaron sus instalaciones como hospital en respuesta a la demanda de asistencia sanitaria de aquella época. Y, con el tiempo, la actividad embotelladora fue incrementando su peso, en detrimento de las tomas de aguas, aunque a día de hoy siguen siendo muchas las personas que se acercan al manantial para llevarse el agua a sus hogares y disfrutar de sus propiedades.
Tras pasar por diversas manos, Cabreiroá vivió uno de sus puntos de inflexión en los años 90 con la entrada en su accionariado de Hijos de Rivera y la posterior adquisición de la totalidad en 2006. De este modo, el los últimos años se han invertido más de 12 millones de euros en incorporar a las instalaciones la tecnología más avanzada del mercado, manteniendo asimismo un extremo control y cuidado sobre el manantial y su entorno que garantice las excelentes condiciones de las aguas y todas sus propiedades.
Una de las principales características de estas aguas es que emanan del manantial con un cierto grado de carbónico que desde la empresa se conserva y embotella bajo el nombre de Magma de Cabreiroá, una de las aguas más especiales del mercado. Este carbónico, que surge de forma natural, ha llamado la atención a importantes sismólogos internacionales que, auspiciados por el Cabildo de Tenerife, iniciaron investigaciones con la colaboración del doctor Irashaki de Japón ya que su estudio puede prevenir posibles seísmos.